Operativo retorno

Hace poco más de medio siglo, en 1971 cuando Guaraní Antonio Franco debutó en los campeonato Nacionales (había tenido una experiencia dos años antes en la Copa Argentina), conformaba sus equipos con jugadores de la casa y refuerzos locales, con algún paraguayo que llegaba a Posadas más que nada por un futuro mejor, logrando a través del futbol una inserción laboral. Algo parecido sucedió con Bartolomé Mitre en la década del 70 y se repitió con Guaraní en los 80, con escasísimas incorporaciones que buscaban, por rodaje propio, darle un plus al equipo.

Por entonces había distintas divisiones en el futbol posadeño, pero no se trataba de una organización plena, surgiendo las figuras en los muchos “potreros” diseminados en la ciudad. Pasó el tiempo y los clubes, no todos, comenzaron a focalizar su atención en los semilleros a la espera de nutrir a las primeras divisiones de los pequeños con futuro promisorio.

Pero paralelamente, la precocidad de muchos chicos, que impulsados por la ansiedad de sus padres que veían en los pequeños la salvación económica, hizo que intentaran llegar lo más rápido posible al futbol grande, provocando en la mayoría de los casos, un efecto inversamente contrario al buscado. El desarraigo, un mundo diferente, la premura en conseguir resultados, los devolvían al terruño, muchas veces sumidos en la decepción de no haber podido lograr sus objetivos y se perdían en el olvido.

Entonces hubo que recurrir a foráneos, la mayoría de los cuales no terminaban de adaptarse o el medio iba consumiendo los pergaminos con que llegaban. Y se terminaron armando equipos de gente que no sentía la camiseta, y cada vez alejaba a Misiones en el mapa futbolístico nacional.

En los últimos tiempos, a pesar de falencias en el futbol infantil, comenzó a cambiar la óptica en los clubes. Ya hay mayoría de locales, llegan menos refuerzos (no todos rinden según sus antecedentes, como decíamos) y hay mayores posibilidades de crecimiento. La insistencia de la Liga Posadeña en reunir a distintas categorías en edades, debe tener continuidad y seriedad por parte de dirigentes y padres sobre todo, que muchas veces en lugar de incentivar al chico lo cargan de una presión innecesaria que los lleva a la frustración, al cansancio, a la imposibilidad de recibir órdenes de quienes desde lo afectivo, pretenden ser orientadores dentro de la cancha y frustran a los pequeños.

La pandemia jugo en contra, fueron muchos meses de inactividad, es tiempo de recuperarla con un trabajo serio en que todas las partes jueguen su rol. Los dirigentes, los mayores, los chicos y los medios de prensa. La vuelta de Hurra Gurises será un muy buen incentivo para promocionar a los protagonistas y darle en ánimo necesario para que en el momento justo y oportuno, puedan insertarse en los equipos superiores.

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